como un secreto que no quiere ser palabra.
y mi voz aprende su sonido más dulce.
Eres sílaba y respiro, promesa en eco.
En tus ojos caben los días más largos,
esas horas donde el mundo parece dormido.
Allí encuentro mi refugio,
un espejo sin miedo
donde mi alma reconoce su hogar.
Cuando me miras, el tiempo se arrodilla.
Los relojes callan, los caminos se detienen.
Nada existe fuera de ese instante:
solo tú, y esta ternura que me habita,
infinita y leve como un suspiro marino.
Si alguna vez el silencio nos separa,
bastará con que pronuncie tu nombre.
Las letras abrirán de nuevo la distancia,
como un puente hecho de luz,
vivo entre las sombras del recuerdo.
