Donde la tierra lloró


Hoy la tierra habló con una voz que nadie quiso escuchar.
No fue el viento.
No fue la lluvia.
Fue el corazón de un país estremeciéndose bajo los pies de sus hijos.

Venezuela guardó silencio por un instante,
ese silencio que solo existe cuando el alma contiene el llanto,
cuando las madres aprietan con fuerza el nombre de sus hijos,
cuando el tiempo parece detenerse
esperando que alguien responda desde los escombros.

Hay lágrimas que no conocen banderas,
ni ciudades,
ni diferencias.
Solo saben caer sobre el mismo suelo
que hoy sostiene el dolor de millones.

Que cada vida apagada sea una estrella más
iluminando el cielo que tanto amaron.
Que cada abrazo pendiente
encuentre refugio en la memoria.
Y que quienes hoy buscan fuerzas para seguir respirando
descubran que todo un pueblo llora con ellos.

Porque una tragedia no rompe únicamente edificios;
también resquebraja recuerdos,
proyectos,
risas que jamás volverán a escucharse de la misma manera.

Pero Venezuela,
tierra de montañas que desafían el horizonte,
de ríos que nunca dejan de avanzar,
también sabe levantarse.

De las grietas brotará la solidaridad.
Del miedo nacerá el abrazo.
Y entre las ruinas volverá a florecer la esperanza,
esa flor obstinada que ni el dolor consigue arrancar.

Hoy lloramos.
Y está bien llorar.

Porque las lágrimas también son una forma de decir:
"No los olvidaremos."

Que Dios reciba a quienes partieron,
fortalezca a quienes sobreviven esta amarga noche
y cubra con su misericordia a Venezuela,
para que, después del temblor de la tierra,
vuelva a latir, poco a poco,
el corazón de toda una nación.
Ricardo Abud (Chamosaurio)

Estudios de Pre, Post-Grado. URSS. M.Sc.Ing. Agrónomo, Universidad Patricio Lumumba, Moscú. Estudios en, Union County College, NJ, USA. Email: chamosaurio@gmail.com

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