Carta a la soledad


Querida soledad,

Hoy te escribo desde este rincón donde todo es agua y sombra.  
He aprendido que tu llegada es como la lluvia lenta:  
empapas primero mi piel, luego las memorias,  
hasta que todo mi mundo flota  
y me descubro naufragando en mí mismo.

A veces te odio, fuego callado;  
ardes en mi pecho cuando la nostalgia sopla,  
me consumes como a un leño indefenso,  
y aunque intento evitarte,  
tu calor revela  
las cenizas de lo que fui  
y el resplandor oculto de lo que puedo ser.

Te confieso que durante mucho tiempo  
temí a la sombra de tus brazos,  
huí del silencio  
y preferí refugiarme  
en la luz ajena.  
Pero tus sombras me siguen, se alargan,  
y al final, descubro que en ellas  
puedo leer mi forma más verdadera.

Hoy comprendo tu lección antigua.  
Que a veces la sombra es abrigo,  
el fuego transfigura lo que toca  
y el agua limpia hasta los huesos del pasado.  
Que solo en tu presencia  
se revelan los secretos del abismo  
y la metamorfosis ocurre  
cuando dejo de luchar contra ti.

Así, soledad, cuando llegas como agua  
te dejo inundar mis días,  
cuando ardes como fuego  
dejo que quemes mis máscaras,  
cuando oscureces como sombra  
abrazo la noche para descubrir lo que brilla detrás.

Gracias por enseñarme  
que el viaje a través de ti  
no destruye, purifica;  
que hay calma después de la tormenta,  
luz después del incendio,  
y raíz bajo cada sombra.

Aquí estoy,  
habitante de tus aguas,  
caminante en tus incendios,  
y a veces,  
nómada de mis propias penumbras.

Ya no huyo.  
Al fin acepto tu carta  
y firmo la respuesta  
con mi nombre recién nacido  
en la corriente del ahora.

Con gratitud y temblor,  
Tu aprendiz de sombra, fuego y agua.


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Ricardo Abud (Chamosaurio)

Estudios de Pre, Post-Grado. URSS. M.Sc.Ing. Agrónomo, Universidad Patricio Lumumba, Moscú. Estudios en, Union County College, NJ, USA. Email: chamosaurio@gmail.com

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