y mis ojos se nublan de repente,
como si el tiempo, ese ladrón de instantes,
abriera sus heridas en mi frente.
con un puñado de recuerdos en las manos,
y un corazón que todavía se abraza
a los fantasmas de mis días lejanos.
Tus avenidas me conocen los pasos,
tus edificios me descifran la mirada,
y en cada esquina se desatan los ocasos
de aquella vida que creí olvidada.
¡Cuántas promesas se quedaron suspendidas
como campanas mudas en el viento!
¡Cuántas palabras, por el tiempo consumidas,
siguen ardiendo dentro del pensamiento!
Moscú, ciudad de mis nostalgias,
de mis inviernos y mis dulces desvaríos,
tienes la llave de mis viejas magias
y el mapa secreto de todos mis extravíos.
Tu nombre es una lámpara encendida
en el sótano azul de mi memoria;
eres la cicatriz que no se olvida,
la página más triste de mi historia.
A veces, cuando lustro mis recuerdos,
saltan astillas de una dicha temblorosa;
y aquellos días, tan lejanos y tan ciertos,
abren sus párpados de niebla silenciosa.
Entonces lloro, aunque mi llanto sea discreto,
aunque mi orgullo me amordace la garganta;
porque hay un niño que aún me guarda el secreto
de aquella ciudad que todavía me levanta.
¡Venid, nevadas, cubridme los caminos!
Quiero que el cielo se desplome sobre el suelo,
que la nieve borre todos mis destinos
y vista de blanco las cicatrices de mi vuelo.
Que nieve tanto que se detenga el tiempo,
que cada copo sea un beso del pasado,
que el frío me devuelva aquel aliento
que dejé entre tus muros olvidado.
Quiero tus parques convertidos en silencios,
tus plazas vestidas de algodón y lejanía,
tus faroles encendiendo mis misterios
como estrellas extraviadas en el día.
Quiero escuchar bajo la nieve tus latidos,
sentir que el mundo se arrodilla a mi costado,
y caminar por los senderos ya dormidos
como quien vuelve al paraíso desterrado.
Y si este fuera mi último invierno,
si la vida me citara con su sombra,
quisiera contemplar tu cielo eterno
mientras la nieve mi silencio nombra.
No me asusta el frío que congela las aceras,
ni el viento que desgarra los abrigos;
me asusta que se cierren las fronteras
que aún me permiten conversar contigo.
¡Qué poder tan inmenso ejerces sobre mí!
¿Qué sortilegio escondes en tus calles?
¿Por qué, después de tanto andar y partir,
mi corazón regresa aunque me calle?
No eres tan solo una ciudad en el planeta,
ni un nombre dibujado en los mapas del invierno:
eres la voz que mi nostalgia interpreta,
mi patria de los sueños, mi desvelo más eterno.
Moscú, mi amada, mi cómplice, mi herida,
mi invierno azul, mi tempestad dorada,
hay ciudades que se cruzan en la vida
y otras que se nos quedan para siempre tatuadas.
Tú te quedaste en mí como una hoguera
que ni los años ni la ausencia han apagado;
como una luna que, detrás de la frontera,
sigue alumbrando el sitio donde he amado.
Y cuando al fin la nieve cubra mis huellas,
cuando mis pasos se confundan con el viento,
cuando se apaguen una a una las estrellas
que alguna vez iluminaron mi firmamento,
que sea tu invierno quien me cierre los ojos,
que sean tus calles mi última morada,
que caiga sobre mí la nieve a manojos
y duerma mi nostalgia bajo su sábana helada.
Porque volver a ti no es regresar al pasado:
es encontrarme con quien fui y todavía soy;
es descubrir que el corazón enamorado
jamás se marcha del lugar de donde voy.
¡Espérame, Moscú, con tus nevadas!
Que sean tantas como lágrimas guardé,
tan blancas como aquellas madrugadas
en las que fui feliz sin saber por qué.
Espérame con tus inviernos infinitos,
con tus silencios, tus misterios y tu luz.
Que aún tengo el alma llena de caminos
y un amor que lleva tu nombre: Moscú.
Y si me preguntas qué busco en tu regazo,
no buscaré respuestas ni perdón:
solo quiero que la nieve, entre sus brazos,
me devuelva los pedazos de mi corazón.
Porque puedes cubrirme de distancia,
de años, de despedidas y de olvido;
pero nunca podrás quitarme la infancia
del hombre que fui cuando te conocí.
Moscú, mi amada, mi invierno y mi destino:
yo no sé si volveré a pertenecer al mundo,
pero sé que, mientras me quede un camino,
habrá una parte de mí que seguirá caminando por tus calles,
con los ojos nublados y el corazón profundamente tuyo.
"Escribir es jugar con la luna,
atrapar su luz en medio de la oscuridad
y dejar constancia de nuestro
tránsito por el mundo."
Ricardo Abud...




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