Reflexiones Necesarias

Poemas y escritos en deposito por Ricardo Abud

Moscú

Cuentos


Han pasado 22 años desde aquel 9 de septiembre de 2004, cuando publiqué por primera vez en este espacio que elegí llamar Jugando con la Luna. Dos décadas y dos años de palabras, de poemas que nacieron de madrugada, de cuentos que guardé como tesoros, de reflexiones que no pedían permiso para existir.

«En este tiempo han sucedido muchas cosas. He visto cómo algunos intentaron reducir lo que hago a una simple "paginita", como si los años de entrega y dedicación cupieran en la estrechez del desprecio. Me han colgado etiquetas absurdas: bocón, principe, hasta abusador. Han llegado a decir que aquí se fomenta el desprestigio, cuando quienes realmente me conocen saben de sobra que ese jamás ha sido el espíritu que da vida a estas páginas». El insulto deshonra a quien lo infiere, no a quien lo recibe.

Pero frente a todo eso, ustedes estuvieron.

A quienes leen sin decir nada, pero regresan. A los que alguna vez dejaron un comentario que me dio fuerzas cuando más falta hacía. A los que compartieron un poema porque lo sintieron propio. A los que me escriben al correo para decirme que tal verso les tocó el alma. A los que simplemente me acompañan desde la distancia, en silencio y con lealtad: gracias.

Pensar en cada uno de ustedes que ha permanecido a mi lado a lo largo de este largo viaje me estruja el pecho de una manera hermosa. No hay trofeo ni reconocimiento más grande que saber que mis letras han encontrado un hogar en sus vidas, que han sido bálsamo en sus días grises y compañía en sus silencios. Su presencia constante ha sido el abrazo cálido que me ha sostenido cuando las tormentas amagaban con apagar la luz de este faro.

Gracias por haberme regalado el milagro más hermoso para un creador: no sentirse solo en medio del mundo. Saber que mis anhelos, mis tristezas convertidas en tinta y mis alegrías compartidas han resonado en ustedes le da un sentido sagrado a cada desvelo. Ustedes son el latido invisible que mantiene vivo este sueño; llevarlos conmigo en este camino es el honor más grande de mi existencia.

Este blog nunca ha sido una plataforma de ataque ni un espacio de rencores. Aquí vive el amor a mis nietos Aisha, Jose, Juan y Darian, los versos que no caben en la conversación cotidiana, los silencios que gritan, los fuegos que aprenden a respirar en el agua. Aquí conviven mis cuentos esos relatos donde a veces me escondo para decir verdades y mis reflexiones, que han sido el pulso ético y el espejo donde he intentado comprender nuestra propia dignidad. Especialmente ahora, en este nuevo ciclo de mi Poemario, donde cada 24 de mes la cita se renueva para seguir dándole voz a lo que siente el alma. Aquí vive, en cada página, lo que realmente soy.

Veintidós años no se explican sin ustedes. No se sostienen sin esa comunidad invisible que, entrada por entrada, convirtió este rincón digital en algo que vale la pena defender.

No me detuvieron antes. No me detendrán ahora.

Mirar hacia atrás me permite ver un camino trazado con honestidad, pero mirar hacia adelante me emociona con la misma intensidad que el primer día. La belleza de seguir jugando con la luna reside en que la noche siempre ofrece una fase nueva, un misterio diferente por descifrar y una oportunidad renovada para compartir lo que palpita en el pecho. Me siento afortunado de que este rincón siga siendo un refugio para la palabra libre y un puente hacia quienes, como ustedes, valoran la profundidad sobre el ruido.

Seguimos, Chamosaurio mediante, jugando con la luna.

Con gratitud sincera,

Ricardo Abud
Jugando con la Luna — desde el 9 de septiembrede 2004

Diploma de honor, de la Accademia Internazionale delle Arti Letterarie e Poetiche, por los 21 años de Jugando con la Luna. 
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4 comentarios:

  1. Anónimo4:22 p.m.

    Como pasa el tiempo mano, felicdades. Neye

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  2. Anónimo4:32 p.m.

    La mayor recompensa del esfuerzo es la satisfacción propia; el gozo interior, no sé si el reconocimiento. A mí particularmente lo que más me enorgulleció fue que me dijeran Poeta. Escribí poesía para expresar mis sentimientos, para espantar mis fantasmas o demostrar un sentimiento, lo que sentía. Pero la verdad es que no hacemos ningún esfuerzo porque hacemos lo que sentimos. Los artistas disfrutamos lo que hacemos porque lo sentimos, no para agradar a nadie; la vida nos conmueve, y es lo que tú has hecho, Poeta. Alfredo.

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