Hoy el sol salió diferente. Y no lo digo como una figura poética, lo digo porque hay días en que la luz parece tener memoria, y hoy es uno de ellos.
Hoy es tu día, Aura Esther.
Y aunque tus manos ya no estén aquí para recibir flores, nosotros, tus hijos e hijas, nietas, nietos, seguimos llevando tu nombre como quien carga su perfume favorito: de forma inevitable, impregnado en todas partes.
Tú no eras solo una presencia; tú eras el clima. Cuando entrabas, la temperatura de la habitación cambiaba. Se aflojaban los hombros tensos, se abrían las bocas cerradas y, de repente, todos gravitábamos hacia el centro, que siempre, invariablemente, eras tú.
Tu risa no era un simple sonido, era un asalto de alegría; esa clase de medicina bendita de la que nadie busca curarse. Empezaba siempre con un sutil temblor en tus hombros, un aviso silencioso, para luego estallar como una cascada que rompe contra las rocas. Reír contigo no era una decisión, era una claudicación inevitable: el eco necesario que siempre sigue al trueno.
Tenías esa bondad que no necesita anuncios. Esa que llega antes que tú y se queda mucho después de que te has ido.
Eras la mujer que notaba el silencio de alguien en una mesa llena de gente; la que guardaba el mejor bocado en secreto; la que recordaba lo que todos los demás habían olvidado. Tu solidaridad no era un gesto ensayado, era tu respiración. Ayudabas sin pensarlo, simplemente porque así estabas diseñada.
Aura Esther: qué precisión la de tu nombre.
Aura, porque dejabas un rastro de luz en cada rincón y en cada persona que miraste de verdad.
Esther, estrella en persa antiguo. Y claro, ¿cómo no ibas a serlo?
Las estrellas tampoco se ven cuando las buscamos de día, pero en cuanto el mundo oscurece, aparecen. Inamovibles. Brillando con una luz que viajó años luz solo para alcanzarnos. Así es tu memoria: una luz que llega justo cuando más falta hace.
Hoy no es un día de tristeza absoluta. Hoy es el día en que el debemos recordar que exististe, que reíste fuerte y sin disculpas, que amaste sin medida y que fuiste el hogar de quienes más te necesitaban.
Feliz cumpleaños, mamá, de parte de todos nosotros quienes te lloramosy celebramos al mismo tiempo.
Que donde estés, haya una mesa grande, una risa que desconcierte a los ángeles y alguien que, por fin, te esté guardando a ti el mejor pedazo.
Con todo el amor que no cabe en estas palabras.
Y tú, que eres luz que no se apaga
Eres el olor a café cuando amanece,
la voz que en el silencio permanece,
eres el abrazo que el aire a veces da
cuando el alma lo necesita y no lo dice ya.
Eres la risa que estalló sin permiso,
el pedazo de cielo que Dios mismo quiso,
la mano tendida sin esperar el gracias,
la flor que creció entre todas las desgracias.
Aura Esther, nombre de luz y de lucero,
de mujer que amó sin llevar registro,
que dio sin pesar, que vivió sin miedo,
que dejó en cada pecho su más bello legado.
Hoy el viento sopla con tu nombre adentro,
hoy las flores saben que tú eres su centro,
hoy quien te amó levanta una sonrisa
porque fuiste vida, fuiste calma, fuiste brisa.
No te fuiste, cambiaste de morada.
Ahora vives en cada carcajada,
en cada acto bueno, en cada mano abierta,
en cada puerta del corazón que nunca cierra.
Feliz cumpleaños, madre amada.
Hoy y siempre, "presente".

