no tú,
sino lo que dejaste
cuando te fuiste.
sin manos que la anclen,
girando en el vacío
que tú mismo abriste.
La buscas ahora,
¿verdad?
Entre sombras ajenas,
entre ojos que no saben
lo que los tuyos
eligieron abandonar.
Qué cruel es el destino
que tú mismo escribiste:
ser el ladrón
y también el despojado,
perder lo que perdiste
por querer no tenerlo.
Esa alma deambula
porque tú la empujaste
al borde del olvido
y ella
ingenua, fiel, tuya
se cayó.
Ahora caminas
buscando en otros ojos
el reflejo que rompiste.
Pero los espejos rotos
no devuelven imágenes completas.
Solo esquirlas.
Solo tú.

