las balanzas no pesan fruta,
pesan promesas.
donde los maniquíes exigen brillo
mientras esconden las grietas bajo el vidrio.
Algunos llegan con las manos llenas
y salen con los bolsillos rotos,
confundiendo precio con valor.
Otros coleccionan sellos invisibles
en la piel del tiempo
y los llaman historia.
Nadie lee la letra pequeña
del contrato del deseo:
dar no garantiza recibir,
exigir no asegura encuentro.
Y así, entre reflejos cansados,
el verdadero gesto rebelde
no es comprar ni vender,
sino cerrar la tienda,
mirarse sin etiquetas
y caminar
sin rebajas ni aplausos.

