porque es el mes
pesan más que las dichas.
No te voy a mandar esta carta.
La voy a doblar cuatro veces
y la voy a meter en el libro
que menos probabilidades tiene de que abras.
Quería decirte que aquella tarde
en que nos callamos los dos a la vez
frente a la ventana,
yo sí sabía lo que estabas pensando.
Y lo que estaba pensando yo
era exactamente lo mismo.
Pero no lo dijimos.
Y luego pasaron cosas.
Y luego pasaron más cosas.
Y aquí estamos: yo escribiéndote cartas que guardas sin leer
un libro que nunca vas a abrir.
Si pudieras leerla, terminaría así:
no te estoy pidiendo nada.
Solo quería que supieras
que aquella tarde existió,
que yo estuve ahí,
que el silencio también fue una forma
de decirte algo.
