una pared fría donde chocan mis palabras.
pues cada gesto tuyo fue un espejo,
reflejando solo tu propia imagen,
tu necesidad, tu hambre, tu vacío.
Comprendo la geometría de tu indiferencia,
trazada con precisión para no rozarme,
para no sentir el peso de mi entrega.
Lo difícil no es olvidar lo que hiciste,
sino perdonar mi propia ceguera,
la terquedad de quien ama a una sombra
que nunca tuvo intención de proyectarse sobre mí.
Me duelo de haber entregado el mapa
a quien solo quería caminar en círculo.
Perdón por haber creído que el amor
era suficiente para despertar
a quien eligió dormir lejos de mi alma




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