si ha decidido abandonar mis ventanas,
ni pedirle explicaciones al horizonte
por cambiar de lugar las estrellas.
a recoger la luz que alguna vez compartió
y dejar a oscuras los rincones
donde antes florecían los domingos.
Pero no me pidas que también apague mi cielo,
que arranque de mis raíces lo que todavía florece,
que convierta en cenizas el perfume de una historia
solo porque para ti ya terminó la primavera.
Tú puedes desandar los caminos,
borrar las huellas de la arena,
cambiarle el nombre a los recuerdos
y declarar deshabitada aquella casa.
Donde alguna vez fuimos refugio,
yo no voy a detenerte;
solo te pido que no confundas
tu manera de marcharte con la mía.
Con mi manera de quedarme en aquello
que alguna vez fue algo verdadero,
me adjudicaste todas las tormentas
y acepté cargar con la lluvia.
Aunque nunca te preguntaste
qué clase de estación habías sido tú
en los hermosos jardines de mi vida,
quizás fui una piedra en tu camino.
Una noche que fue demasiado larga,
un capítulo que quisieras arrancar del libro,
no voy a corregir la historia que cuentas
ni a disputarle razones al silencio.
Pero hubo un universo en mis manos
que llevaba tu nombre escrito en sus mareas,
y aunque hoy navegues por otros cielos,
no voy a fingir que nunca existió el mar.
Porque el amor no es una lámpara
que simplemente se apaga por decreto,
ni un pájaro que abandona su nido
apenas alguien le abre otra ventana.
A veces, quien se marcha en el camino
se lleva consigo hasta las fotografías,
mientras quien se queda aprende a vivir
con los retratos que conserva el alma.
Y así será en nuestro destino:
tú tendrás tu olvido, yo tendré mis recuerdos;
tú podrás cerrar el libro por completo,
yo no estoy obligado a negar sus páginas.
No te pediré en ningún momento que regreses,
no llamaré nuevamente a tu puerta,
no intentaré convencer al otoño
de que vuelva a vestirse de abril.
Pero tampoco me pidas en este día
que traicione al hombre que fui,
que reniegue de todo lo que sentí
o que le enseñe a mi corazón sincero.
A desconocer el camino de tu nombre,
pues hay despedidas que pertenecen a dos,
pero el olvido que nos queda enfrente
nunca es una obligación compartida.
"Escribir es jugar con la luna,
atrapar su luz en medio de la oscuridad
y dejar constancia de nuestro
tránsito por el mundo."
Ricardo Abud...




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