hecho de orgullo y de dudas,
que ninguno se atreve a cruzar.
Pero el tuyo, el nuestro, pesa más que la ausencia.
Nos miramos como extraños,
sin recordar la promesa de los días claros,
cuando jurábamos no perdernos en la niebla.
Quizás amar también sea perder,
pero sin dejar de buscar al otro
en cada reflejo de lo que fuimos.
