como la marea al final del día,
se tropieza con cada memoria.
Tus gestos se desdibujan, es cierto,
la voz ya suena borrosa,
pero hay algo que no desaparece:
esa costumbre de esperarte sin saber por qué.
El olvido no es ausencia,
es una forma distinta de recordar.
Es tenerte sin tenerte,
como un eco que jamás se apaga.
