con las migajas de atención que recogía
como quien junta monedas para un viaje
que nunca programaste en tu mapa.
a llamar esperanza a la ausencia,
a confundir tu egoísmo con libertad
y mi entrega, con prisión.
Ahora que el polvo se asienta,
veo que no fuiste cruel,
solo honestamente tuyo—
y esa es la herida que no cierra:
no haber sido, ni siquiera un instante,
lo suficientemente egoísta
para amarme a mí con la misma furia
con la que te amé a ti.
El perdón que busco no tiene tu nombre,
no habita en tu dirección.
Es un diálogo con la que fui,
con la que me quedé de pie
cuando ya no quedaba nadie
a quien sostener.

