Las heridas permanecen más que las alegrías.
permanecen más que las palabras de todos los días.
¿Pero qué permanece de lo bueno?
Permanece la mañana aquella de verano
aunque ya sea invierno.
Permanece la risa de alguien
en el momento exacto en que fue perfecta.
Permanece la canción que sonaba
cuando te pasó algo que cambiaba todo.
Permanece el olor del pan.
Permanece la forma en que alguien decía tu nombre.
Septiembre me enseña esto:
que permanencia no es duración.
Que algunas cosas que duraron un segundo
permanecen para siempre
y algunas cosas que duraron años
ya no están en ningún lugar de adentro.
No controlamos qué se queda.
Eso también es una forma de libertad.
