Antes de que caiga la primera gota
La tierra lleva horas esperando.
Luego ese color del cielo
que no es gris sino algo más complejo:
es el color de una decisión tomada,
de algo inevitable que ya viene.
La primera gota siempre cae
en el lugar menos esperado:
en la nuca de alguien que miraba para arriba,
en el parabrisas de un coche parado,
en la página abierta de un libro
marcando para siempre ese verso,
ese verso que ahora tiene
una mancha redonda de agua de octubre.
Después ya todo es lluvia.
El sonido se vuelve continuo
como el pensamiento cuando no lo interrumpes,
como el tiempo cuando no lo mides.
Y la ciudad que se moja
se vuelve otra ciudad.
Los colores se intensifican bajo el agua.
El rojo de un paraguas
es el rojo más rojo posible.
El negro del asfalto mojado
contiene el cielo entero.
octubre llueve
como si lo estuviera haciendo
por primera vez,
con esa entrega total
que nosotros perdemos
en algún momento entre la infancia y esto.




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