como lluvia en la ventana,
mojando lo que era firme
y volviéndolo nostalgia.
con voz dulce y temblorosa,
pero el tiempo, silencioso,
lo volvió duda y derrota.
En sus brazos fui cautivo,
no de cadenas visibles,
sino de gestos pequeños
que parecían invencibles.
Y al final, cuando se fue,
no hizo ruido ni desastre,
solo dejó en mi silencio
una paz hecha de hambre.




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