amanece con resaca de muertos.
tiemblan un poco con el viento del norte
como si supieran que están mintiendo.
Alguien dejó una foto plastificada
junto a una lápida sin nombre legible.
En la foto, un hombre sonríe
con esa sonrisa de domingo de los años setenta,
esa sonrisa que no sabía que era para siempre.
Yo paso entre las tumbas sin detenerme.
No tengo a nadie aquí todavía.
Pero camino despacio de todas formas,
como si el suelo mereciera ese respeto,
como si yo supiera algo que aún no sé.
Noviembre abre así:
con los vivos visitando a los muertos
y los muertos, callados como siempre,
recibiendo las visitas
con esa paciencia infinita que da la tierra.




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