A Alfredo Abud


Mi padre, el gigante
No sé dónde comienza el norte,
ni dónde se deshace el mapa de mis días,
pero el destello de tu mirada
bastaba para redibujar mi mundo.

Tu risa esa mueca casi esquiva, de palabras cortas
era un eco distante, pero de una honestidad que dolía.
Hoy, si cerrara los ojos y contara tu tristeza,
con una mano me bastaría para el consuelo;
pero si hablara de tus silencios,
el universo entero me quedaría pequeño.

Caminabas firme, como quien sostiene el cielo,
aunque tu alma era un cofre de secretos bajo llave.
Tus recuerdos se desangraban en el martirio
de tiempos bélico  por aquel 7 de diciembre de 1941
dia del apocalipsis que te marcó la piel;
tu sufrimiento era un incendio total,
y sin embargo, jamás te vi quebrarte.

Recordar tu generosidad es, al fin, comprender
el regalo sagrado que te entregó la vida,
aunque tú, terco, a veces lo negaras.

Fuiste gigante, papá.
Mis miedos fueron el eco de los tuyos,
mis victorias, el espejo donde brillaron tus sueños.

Nos heredaste la lealtad como un latido,
como la única ley, la única ética,
el único principio que nos mantiene en pie.

Y cuando la sombra del mal te hizo, 
al fin, vulnerable,descubrí que en tu fragilidad 
tu amor fue, por vez primera, invencible.

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Ricardo Abud (Chamosaurio)

Estudios de Pre, Post-Grado. URSS. M.Sc.Ing. Agrónomo, Universidad Patricio Lumumba, Moscú. Estudios en, Union County College, NJ, USA. Email: chamosaurio@gmail.com

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