No todo amor florece con ternura.
El tuyo exigía obediencia,
como arcilla bajo tu miedo.
Decías amarme,
pero solo hasta donde fuera posible
que siguieras ganando tú.
El amor no es mando ni castigo,
es mirar en la misma dirección
sin aplastar el horizonte ajeno.
Te quise, sí,
pero más me quise al irme.