sus ventanas sobre el mundo,
no le preguntes al cielo
cuánto tiempo queda.
En ellas todavía viven
los abrazos que diste,
las despedidas que dolieron,
el temblor de aquella decisión
que cambió tu destino.
No cuentes las veces
que caíste.
Cuenta las veces
que, aun con el corazón cansado,
volviste a levantarte
sin hacer ruido.
Un día comprenderás
que algunas puertas cerradas
eran caminos disfrazados
y que ciertas ausencias
dejaron espacio
para que regresaras a ti.
Entonces no tendrás que llevarte nada.
Ni los aplausos.
Ni las fotografías.
Ni las cosas que un día
creíste indispensables.
Solo esa pequeña luz
que encendiste en otros
sin saber que lo hacías.
Y si al final
te queda una sonrisa,
que sea porque entendiste
que vivir nunca fue
tenerlo todo,
sino haber aprendido
a agradecer
lo que alguna vez
tuviste entre las manos.
"Escribir es jugar con la luna,
atrapar su luz en medio de la oscuridad
y dejar constancia de nuestro
tránsito por el mundo."
Ricardo Abud...
