día de septiembre
tiene un sonido específico:
la madera del suelo que se contrae con el frío,
algún coche lejos,
el silencio que queda cuando el coche ya no se oye.
En el techo no hay nada
pero lo miro de todas formas.
El techo de septiembre a las tres
es una pantalla en blanco donde el cerebro
proyecta todo lo que no quieres ver.
Pienso en cosas que hice y no debí.
Pienso en cosas que no hice y debí.
El inventario es largo.
septiembre tiene tiempo.
Hacia las cuatro me rindo
y me hago un té que no me voy a tomar.
Lo pongo en la mesa.
Caliento las manos con la taza.
Eso sí sirve.
Afuera empieza a clarear muy despacio
como si la luz también tuviera miedo.
Los pájaros comienzan antes de que haya luz suficiente.
Cantan a oscuras.
Eso pienso que es tener fe.
