tu nombre cae en mi pecho
como una palabra que siempre estuvo ahí
esperando ser dicha
con la voz exacta del amor.
fue una rendición suave:
dejar que tu risa reorganizara mis días,
que tu mirada me enseñara
una forma más honesta de estar en el mundo.
Hay en ti una calma que no se explica,
un fuego que no presume,
una manera de existir
que vuelve hogar cualquier silencio compartido.
Si algún día me pierdo,
sé que no será del todo:
habrá algo de mí
pronunciando tu nombre en voz baja,
recordando que el amor, cuando es verdadero,
tiene tu rostro
y se llama Natasha.

