reflexiono sobre lo que el tiempo no desgasta:
los valores que como faros en la madrugada
iluminan el sendero cuando el alma se contrasta.
que no teme al espejo de la verdad desnuda,
mientras la justicia camina por el estrecho
sendero donde la razón y el corazón se ayuda.
La compasión florece como rosa en el desierto,
regando con ternura cada herida ajena,
y la solidaridad abre cada puerto
para que ningún ser en soledad se pena.
El respeto construye puentes donde antes
había muros de incomprensión y recelo,
y la tolerancia teje hilos elegantes
que unen diferentes mundos bajo un mismo cielo.
La integridad es el árbol que no se dobla
ante las tormentas de la tentación fácil,
mientras la responsabilidad se despliega y
cada acto, por pequeño que sea, útil y fértil.
En tiempos donde el viento sopla incierto
y las voces del egoísmo resuenan fuerte,
estos valores son el puerto
que nos protege del naufragio de la suerte.
Que en cada hogar, en cada escuela,
en cada encuentro entre almas que se cruzan,
estos principios sean la vela
que guíe a las generaciones que se bruzan.
Porque una sociedad sin ética es barco sin timón,
nave a la deriva en océano turbulento,
pero con valores firmes en el corazón
somos constructores de un mundo más atento.
Que este día nos recuerde la importancia
de cultivar en nuestro ser estas semillas,
pues en ellas radica la esperanza
de un mañana donde brillen las maravillas.
En cada gesto noble que compartimos,
en cada palabra justa que pronunciamos,
la dignidad humana engrandecimos
y un legado de luz perpetuamos.
