rompiendo mi nombre en su boca,
clavando mentiras donde hubo confianza,
confunde el ruido con la victoria.
No sabe que el tiempo no corre: cobra.
Que todo daño tiene eco
y toda traición, memoria.
Yo no perdí.
Me retiré a aprender.
Mientras él jugaba a herir,
yo aprendía a durar.
Esto no es un final,
es el prólogo que no supiste leer.
Las heridas cerraron,
pero dejaron brújulas.
A los que disfrutan del daño ajeno,
a los que juegan con sentimientos como fichas:
buena suerte…
el tiempo no olvida
y nunca juega del lado del cruel.
Lo que viene apenas se esta abriendo paso.

