cuando la noche olía a pan y a despedida,
dejaste mi palabra a la intemperie,
sin saber que el silencio también olvida.
le preguntaba por tu voz,
mientras la luna, con paciencia,
cosía las heridas de los dos.
Llegó después el treinta, con su invierno,
y aquella frase, afilada como un río:
que no te amaba, que buscabas lo eterno,
que reconstruirte era el destino tuyo.
¡Qué singular manera de marcharse,
qué hábil arquitectura del adiós!
Derribar la casa, negar sus derrumbes
y atribuirle al huésped el temblor.
No me ofende que el amor se vuelva extraño,
ni que otra primavera te haya florecido;
me duele más la geometría del engaño:
yo cuidando un jardín que ya habías despedido.
Porque nadie reconstruye sus cimientos
sin saber dónde pretende levantar;
y hay quien anuncia ruinas y lamentos
cuando otra puerta le comienza a llamar.
No juzgo al corazón que cambia el rumbo,
ni exijo eternidad por lo que fue;
pero es mezquino abandonar a alguien en lo oscuro
y llamar libertad a lo que no se dijo de pie.
Aprendí que el amor no se mendiga,
que el orgullo no es dejar de padecer;
que hasta el roble se deshoja y no se inclina
ante la mano que no lo quiso sostener.
Y tú, flor de nombre antiguo y misterioso,
que acaso buscas en tu imagen la verdad,
recuerda: hasta el narciso más hermoso
se marchita si se olvida de mirar.
No todo espejo devuelve primavera,
ni toda huida significa renacer;
a veces, quien se busca donde quiera
no encuentra lo que teme reconocer.
Yo no seré la sombra de tu historia,
ni el reproche que te impida caminar;
no pondré tu recuerdo en mi memoria
como un altar que tenga que cuidar.
Me quedo con la luz de lo vivido,
con la verdad que supe defender;
hay amores que se van sin hacer ruido
y hombres que se quedan de pie al perder.
Diciembre cerró el libro entre sus manos,
enero abrió sus páginas al sol;
comprendí que no se rompen los humanos
por perder a quien no supo decir adiós.
Y si algún día regresas al pasado
a buscar lo que dejaste junto a mí,
hallarás el jardín recuperado,
pero ninguna puerta hacia lo que fui.
Porque marcharse no es ninguna hazaña,
ni reconstruirse consiste en destruir;
la dignidad no grita, no se ensaña:
recoge sus pedazos y aprende a florecer sin ti.
"Escribir es jugar con la luna,
atrapar su luz en medio de la oscuridad
y dejar constancia de nuestro
tránsito por el mundo."
Ricardo Abud...
