La arquitectura del olvido


El veinticuatro de diciembre,
cuando la noche olía a pan y a despedida,
dejaste mi palabra a la intemperie,
sin saber que el silencio también olvida.

Yo conversaba con tu ausencia,
le preguntaba por tu voz,
mientras la luna, con paciencia,
cosía las heridas de los dos.

Llegó después el treinta, con su invierno,
y aquella frase, afilada como un río:
que no te amaba, que buscabas lo eterno,
que reconstruirte era el destino tuyo.

¡Qué singular manera de marcharse,
qué hábil arquitectura del adiós!
Derribar la casa, negar sus derrumbes
y atribuirle al huésped el temblor.

No me ofende que el amor se vuelva extraño,
ni que otra primavera te haya florecido;
me duele más la geometría del engaño:
yo cuidando un jardín que ya habías despedido.

Porque nadie reconstruye sus cimientos
sin saber dónde pretende levantar;
y hay quien anuncia ruinas y lamentos
cuando otra puerta le comienza a llamar.

No juzgo al corazón que cambia el rumbo,
ni exijo eternidad por lo que fue;
pero es mezquino abandonar a alguien en lo oscuro
y llamar libertad a lo que no se dijo de pie.

Aprendí que el amor no se mendiga,
que el orgullo no es dejar de padecer;
que hasta el roble se deshoja y no se inclina
ante la mano que no lo quiso sostener.

Y tú, flor de nombre antiguo y misterioso,
que acaso buscas en tu imagen la verdad,
recuerda: hasta el narciso más hermoso
se marchita si se olvida de mirar.

No todo espejo devuelve primavera,
ni toda huida significa renacer;
a veces, quien se busca donde quiera
no encuentra lo que teme reconocer.

Yo no seré la sombra de tu historia,
ni el reproche que te impida caminar;
no pondré tu recuerdo en mi memoria
como un altar que tenga que cuidar.

Me quedo con la luz de lo vivido,
con la verdad que supe defender;
hay amores que se van sin hacer ruido
y hombres que se quedan de pie al perder.

Diciembre cerró el libro entre sus manos,
enero abrió sus páginas al sol;
comprendí que no se rompen los humanos
por perder a quien no supo decir adiós.

Y si algún día regresas al pasado
a buscar lo que dejaste junto a mí,
hallarás el jardín recuperado,
pero ninguna puerta hacia lo que fui.

Porque marcharse no es ninguna hazaña,
ni reconstruirse consiste en destruir;
la dignidad no grita, no se ensaña:
recoge sus pedazos y aprende a florecer sin ti.

"Escribir es jugar con la luna, 
atrapar su luz en medio de la oscuridad 
y dejar constancia de nuestro
 tránsito por el mundo."
 Ricardo Abud...
Ricardo Abud (Chamosaurio)

Estudios de Pre, Post-Grado. URSS.M.Sc.Ing. Agrónomo, Universidad Patricio Lumumba, Moscú.Estudios en, Union County College, NJ, USA. Miembro del Consejo Asesor y Representante en America Latina de la Revista Internacional Vigil Journal. Email: chamosaurio@gmail.com

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