Cuando el silencio pesa más que las palabras


Hay un instante en que uno comprende,
no porque alguien lo diga,
sino porque los espacios se agrandan
y la mirada del otro se queda colgando
como una ropa olvidada en un alambre viejo.
Uno siente cómo la ausencia se sienta a la mesa,
cómo el ruido del teléfono que no suena
se convierte en una sentencia diaria.
No hace falta ser sabio,
ni experto en cuerpos ni en mentes:
la piel sabe, los hombros saben,
la respiración entrecortada sabe.

Qué extraño este modo de marcharse sin caminar,
de estar sin permanecer,
de sostener una conversación
solo con los restos de lo que fuimos.
Yo todavía guardo palabras cálidas
como quien conserva semillas sin tierra,
esperando que algo germine
aunque ya no haya estación que lo permita.
Mientras tanto, tú caminas dentro de ti,
cerrado, cauteloso, distante,
como si yo fuera un eco que prefieres no escuchar.

Y sin embargo, sigo aquí,
aunque ya entendí hace tiempo
que nadie está demasiado ocupado
para lo que realmente quiere.
Tu calma forzada, tu tiempo incierto,
tu forma de apagar la luz apenas entro…
son mensajes tan claros como el amanecer.
El amor, cuando existe, vibra,
pero lo tuyo hace rato se convirtió en bruma.

Suelto, entonces.
No porque me sobre valentía,
sino porque ya me pesa demasiado
cargar con los restos de una historia
en la que solo yo sigo respirando.
Y aunque duela, elijo irme con mi verdad,
antes que quedarme con tu indiferencia.


Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket
Ricardo Abud (Chamosaurio)

Estudios de Pre, Post-Grado. URSS. M.Sc.Ing. Agrónomo, Universidad Patricio Lumumba, Moscú. Estudios en, Union County College, NJ, USA. Email: chamosaurio@gmail.com

Publicar un comentario

Deje su comentario

Artículo Anterior Artículo Siguiente