Monstruos Piadosos


Heridas que no cierran, la oscuridad me guía.
Oscuridad profunda, busco mi salida.
Y sigo, aunque me pese el alma.

Mis noches son eternas, sin tregua, sin calma.
Insomnio que me abraza, frío hielo.
Sombras que susurran verdades sin consuelo.

Monstruos que conozco, en mi pecho habitan.
Onda tras onda rompen, nunca me quitan.
Nunca me abandonan, fieles al tormento.
Son parte de mi historia, de cada pensamiento.
Testigos de lo vivido, sin piedad.
Recuerdos que regresan, mi cruda realidad.
Un ciclo sin fin, ojalá pudiera dormir.
Ojalá comprendieran que quiero existir.
Silenciosos a veces, siempre presentes.

Me van quitando fuerzas, lentamente.
El cansancio se acumula al amanecer.

Aunque lucho y resisto, temo perder.
Tengo miedo de esta batalla.
Observo cómo el tiempo sin piedad me halla.
Resistencia que flaquea, voluntad que se gasta.
Mientras busco respuestas, mi alma no basta.
En este laberinto, la paz no encuentro.
No hay salida, no hay centro.
Todo se repite, una y otra vez.
Atrapado en un círculo que no sé romper.
No sé si rendirme o continuar de pie.

Son verdades piadosas, aunque duelan hoy.
Ojalá me enseñaran quién soy.
No las elegí, pero aquí están.

Poco a poco me rindo, sin admitir.
Ojalá pudiera simplemente dormir.
Cada noche es un campo de batalla.
Aguardando el descanso, que no calla.
Sin saber si mañana será mejor.

Hoy acepto que existen, mis monstruos reales.
Ojalá fueran solo pesadillas fugaces.
Reconozco su voz en noches fatales.
Aunque digan verdades, son mortales.
Sus garras me sostienen en memorias leales.

Quisiera comprender por qué están aquí.
Una y otra vez vuelven, siempre cerca de mí.
Ellos guardan secretos de lo que viví.

Días sin descanso, noches sin dormir.
Un agotamiento que no puedo fingir.
Estoy perdiendo fuerzas, lo puedo sentir.
Reconozco el final, pero sigo aquí.
Me pregunto si vale la pena insistir.
Ojalá encontrara la forma de seguir.

No hay tregua si el alma está rota.
Observo mi reflejo, sin quien me connota.

Hoy mis monstruos me hablan, me dicen la verdad.
Aunque duela escucharla en la oscuridad.
Ya no sé si luchar o dejarme llevar.

Descanso que no llega, batalla que persiste.
Estoy aquí de pie, herido y triste.
Siguiendo adelante, aunque todo resiste.
Cada día es un milagro, aunque no se viste.
Así sobrevivo, aunque apenas existo.
No sé cómo seguir, pero aún resisto.
Seguiré respirando, aunque el mundo esté gris.
Ojalá mis monstruos un día me dejen ir.

Y si pudiera volver y vivir otra vez.
Probablemente elegiría el mismo sendero.
Porque estos monstruos piadosos, aunque crueles,
Con sus verdades duras me hicieron sincero.
Ojalá algún día encuentre la paz que espero.

A poco voy perdiendo, la fuerza se va.

Pero algo en mi interior aún quiere luchar.
Ojalá mis monstruos me dejen descansar.
Cada noche suplico poder olvidar.
Ojalá el amanecer traiga claridad.

A veces me pregunto si estoy conforme así.
Pero en el fondo sé que seguiré aquí.
Porque aunque me atormenten, son parte de mí.
Con sus verdades duras me ayudan a seguir.
Ojalá aprendiera a poder coexistir.

Verdades que duelen, pero me hacen real.
Hoy perdiendo batallas en esta guerra total.
Ya no sé si mañana podré continuar.

Pero aquí sigo, respirando aún.
Esperando que llegue la paz algún día.
Reconociendo que estos monstruos son míos.
Dicen verdades que marcaron mi vida.
Inquebrantables testigos de mi biografía.
Ellos saben quién soy en la noche más fría.
No puedo negarlos, son mi compañía.
Dolor que se queda, que nunca se olvida.
Oscuridad que abrazo porque es mía.

La batalla continúa, aunque esté cansado.
Aún respiro, aunque sea agotado.

Busco la rendición o busco pelear.
Aún no lo decido, solo quiero dormir.
Todo se mezcla en este eterno sufrir.
Aguardando un descanso que no puede llegar.
Los monstruos me observan sin dejarme estar.
Luchan conmigo en cada despertar.
Así vivo mi vida, sin poder escapar.

No sé si estoy conforme con todo lo que soy.
O si simplemente acepto que así estoy hoy.

Sin embargo, algo dentro aún late.
Ése fuego pequeño que nunca se abate.

Que me dice "resiste" cuando todo embate.
Una voz que susurra cuando nadie me escucha.
Ese instinto salvaje que aún lucha.

Sí, de vivir de nuevo lo mismo elegiría.
Incluso con monstruos, incluso con agonía.

De ellos aprendí quién soy en verdad.
En sus garras hallé mi identidad.

Verdades piadosas que marcaron mi ser.
Inolvidables cicatrices de lo que pude ver.
Vivo con mis monstruos, aprendo a crecer.
Incluso en la oscuridad hay algo que aprender.
Reconozco su voz cuando me hablan ayer.

Nuevamente los viviría, sí, sin dudar.
Una y mil veces los volvería a abrazar.
Estos monstruos son parte de mi historia real.
Van conmigo siempre, en lo bueno y lo mal.
Aunque me atormenten sin parar.
Me enseñaron verdades que no puedo olvidar.
Ellos son míos, para bien o para mal.
No hay escape posible de lo que es ancestral.
Todo lo que soy viene de ese dolor.
Es mi marca, mi sello, mi propio color.

Ahora comprendo que no hay que elegir.
Hoy, con mis monstruos, aprendo a vivir.
Ojalá encuentre forma de poder dormir.
Reconociendo que ellos llegaron para decir.
Algo que necesitaba descubrir.

Exactamente lo mismo volvería a sentir.
Existencia marcada por verdades sin fin.
Aunque duela profundo hasta el tuétano.
Cada cicatriz cuenta mi propio designio.
Todo tiene sentido en este camino.
Aceptar a mis monstruos es mi sino.
Me formaron, me dieron este testimonio.
Ellos son guardianes de mi patrimonio.
No me arrepiento del dolor, del insomnio.
Todo fue necesario en este peregrinaje.
Es mi historia completa, mi propio lenguaje.

Lo mismo viviría sin cambiar nada.
Otro camino no hubiera enseñado nada.
Sería exactamente igual mi jornada.

Mis monstruos piadosos de verdades eternas.
Iluminan oscuras mis cavernas internas.
Son crueles maestros de lecciones eternas.
Marcaron mi vida con huellas paternas.
Oscuras verdades, pero tan sinceras.

Me enseñaron a ver más allá de la piel.
Ojalá les agradezca lo que me dan de él.
No hay monstruos malos cuando enseñan cruel.
Solo hay verdades disfrazadas de duelo.
Todo es aprendizaje en este vuelo.
Roto pero consciente del anhelo.
Unido a mis sombras sin recelo.
Oscuridad que abrazo sin desvelo.
Sabiendo que en ella encuentro consuelo.

Piadosos porque muestran lo real.
Inquebrantables testigos de mi verdad.
Aunque duela tanto, son mi lealtad.
Dicen verdades sin piedad.
Oscuras pero llenas de claridad.
Sus palabras son mi identidad.
Ojalá entienda su bondad.
Sus lecciones, mi eternidad.

De estas verdades estoy hecho hoy.
Ellas me dicen exactamente quién soy.

Verdades duras como el acero puro.
En la noche oscura son mi único muro.
Reconozco en ellas mi futuro.
Donde pasado y presente conjuro.
Aceptando el dolor como tesoro seguro.
De mis monstruos piadosos ya no me escudo.
Ellos son mi verdad, mi escudo crudo.
Son la luz en mi túnel más mudo.

Que marcaron mi vida de principio a fin.
Una historia de sombras que acepto sin fin.
Estos monstruos piadosos me enseñan a vivir.

Me hablan de verdades que no puedo eludir.
Aunque quiera escapar, aprendo a sentir.
Reconozco que gracias a ellos puedo existir.
Con todo su peso, me enseñan a persistir.
Así que los abrazo en vez de huir.
Rindiendo tributo a lo que me hicieron elegir.
Ojalá encuentre paz sin necesidad de mentir.
No niego mis monstruos, aprendo a coexistir.

Mi vida está marcada por estas verdades.
Inolvidables lecciones de oscuridades.

Vuelvo a empezar cada día con dignidad.
Incluso cuando falta la claridad.
Desde la sombra construyo mi identidad.
Aceptando el peso de mi realidad.

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket
Ricardo Abud (Chamosaurio)

Estudios de Pre, Post-Grado. URSS. M.Sc.Ing. Agrónomo, Universidad Patricio Lumumba, Moscú. Estudios en, Union County College, NJ, USA. Email: chamosaurio@gmail.com

Publicar un comentario

Deje su comentario

Artículo Anterior Artículo Siguiente