La Brújula Interior


Por: Ricardo Abud

Imagina un jardín donde cada semilla germina según la tierra que lleva consigo. No la tierra del suelo, sino aquella que transporta en su núcleo. Hay semillas que portan arcilla pesada en sus entrañas y, sin importar cuán fértil sea el jardín, siempre encontrarán charcos donde hundirse. Otras llevan consigo algo más liviano, casi etéreo, y flotan hacia los espacios donde el sol toca primero cada mañana.

La existencia funciona como un espejo que no refleja tu rostro, sino tu peso interno. Caminas por el mundo cargando un equipaje invisible, y ese equipaje determina las habitaciones a las que tienes acceso. No porque alguien te cierre las puertas, sino porque tu propia carga te lleva naturalmente hacia ciertos corredores. Los que cargan piedras en el pecho encuentran sótanos. Los que cargan plumas encuentran terrazas.

Piensa en un imán que atraviesa una habitación llena de objetos diversos. Solo se adhiere a aquello que resuena con su naturaleza magnética. Así vagamos nosotros, atrayendo no lo que deseamos, sino lo que vibracionalmente coincide con nuestro interior. El amargado no tropieza con la amargura por mala suerte; la reconoce porque habla su idioma. La persona que cultiva gratitud no vive en un mundo diferente, simplemente sintoniza frecuencias distintas en el mismo universo.

Aquellos que llevan odio y resentimiento, lo proyectarán y serán imanes de ese karma, lamentable por esas personas. Van sembrando tormenta en cada interacción, derramando su veneno en cada encuentro, y luego se sorprenden cuando la cosecha que levantan tiene sabor a cicuta. No comprenden que el universo no castiga, solo devuelve multiplicado aquello que emitimos como señal constante.

La transformación auténtica nunca es cosmética. Puedes barnizar madera podrida, pero seguirá siendo madera podrida con mejor apariencia. La metamorfosis real exige algo más radical: desmantelar la arquitectura interna, reconstruir los cimientos con materiales distintos. Es como pretender que un ancla flote sin dejar de ser ancla. La física no negocia con nuestros deseos; primero debemos convertirnos en vela.

Observa cómo las polillas buscan la luz y las lombrices la humedad del subsuelo. Ninguna está equivocada; cada criatura gravita hacia el ecosistema que corresponde a su esencia. Nosotros hacemos lo mismo, aunque nos guste pensar que elegimos conscientemente. En realidad, nuestro mundo interior opera como un termostato emocional, devolviéndonos siempre a la temperatura que reconocemos como hogar, aunque ese hogar sea incómodo.

La realidad no tiene favoritos. Responde a tu densidad emocional con la precisión de una balanza. Si cultivas espinas internas, el universo te presenta rosales. No para castigarte, sino porque eres capaz de verlos, de reconocerlos, de mantener conversaciones con ellos. Alguien lleno de dulzura atravesaría el mismo jardín y solo notaría las flores, ciego a las espinas que tú catalogas como evidencia de la hostilidad del mundo.

Modificar el decorado externo mientras mantienes intacto el mobiliario interior es como mudarte de casa llevando contigo todas tus habitaciones. Nueva dirección, misma arquitectura. El verdadero traslado ocurre cuando renuncias al veneno almacenado en tus bodegas internas, cuando vacías los barriles de resentimiento que fermentan en tu bodega personal y los reemplazas con algo que no te ancle al fondo del océano de tu propia creación.

La vida no conspira a tu favor ni en tu contra. Simplemente es un campo neutral donde tu frecuencia interna actúa como antena. Sintonizas aquello que ya vibra dentro de ti. Cambiar de estación requiere primero cambiar el receptor.

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Ricardo Abud (Chamosaurio)

Estudios de Pre, Post-Grado. URSS. M.Sc.Ing. Agrónomo, Universidad Patricio Lumumba, Moscú. Estudios en, Union County College, NJ, USA. Email: chamosaurio@gmail.com

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