Los vagones serpentean con férrea voluntad.
Luces que se encienden, rostros que se van,
En el laberinto oscuro, los sueños se cruzan y están.
Prisa silenciosa, rito matinal.
El mundo de arriba, un recuerdo fugaz,
Aquí abajo el tiempo tiene otra faz.
Escaleras que suben, bajadas sin final,
Un ir y venir de vidas, en rito ancestral.
El arte callejero, un grito sin voz,
Sobre el cemento frío, dejando su hoz.
Y al salir a la luz, un respiro profundo,
Dejando atrás el túnel, volviendo al mundo.
El tránsito subterráneo, un portal sin par,
Donde la ciudad secreta vuelve a despertar.
