desde sillas prestadas,
no por maldad,
sino por miedo a caer.
con las manos ocupadas,
aprendieron tarde
a soltar.
Confunden desgaste
con valor agregado
y deuda
con profundidad,
porque nadie les enseñó
otra forma de quedarse.
Algunos entregan todo
esperando equilibrio
y reciben silencio
que no siempre fue cálculo,
a veces fue incapacidad.
En este trato
la dignidad sigue siendo el límite:
no se negocia,
no se impone,
se cuida
y, si hace falta,
se retira sin rencor.

