Los tacones de Natasha


Los tacones de mi Natasha
no caminan… anuncian.
Son un latido firme sobre la piedra antigua,
un idioma secreto que la ciudad reconoce
cuando la tarde se inclina sobre Moscú.

Tac… tac…
como si el tiempo retrocediera a escucharla,
como si cada paso encendiera una lámpara invisible
en las calles que han visto inviernos eternos
y besos que aún respiran bajo la nieve.

Ella avanza, dueña del frío,
con el abrigo danzando a su ritmo
y el aliento dibujando nubes pequeñas
que parecen seguirla, obedientes,
como versos que no saben quedarse atrás.

Sus tacones son campanas discretas,
llamando a la noche que se abre paso,
marcando el compás de una historia
que no se escribe… se siente,
entre luces doradas y sombras elegantes.

Y Moscú la mira.
La mira como se contempla un milagro cotidiano,
como se observa la belleza que no pide permiso
y sin embargo se queda
en cada esquina, en cada mirada, en cada silencio.

Camino al teatro,
donde los sueños se visten de música y destino,
Natasha no llega… aparece,
como si el mundo entero fuera apenas un escenario
preparado para el eco de sus pasos.

Y yo,
desde la distancia de mi asombro,
entiendo que no son tacones lo que escucho,
sino el corazón de la noche
siguiéndola, rendido.



Ricardo Abud (Chamosaurio)

Estudios de Pre, Post-Grado. URSS. M.Sc.Ing. Agrónomo, Universidad Patricio Lumumba, Moscú. Estudios en, Union County College, NJ, USA. Email: chamosaurio@gmail.com

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