pero era tu risa la que mojaba mis pensamientos.
y el cielo, cómplice, desbordaba su corazón sobre el nuestro.
El amor tiene olor a tierra recién tocada.
Caminábamos lentos, sin miedo al frío,
porque los cuerpos sabían hablarnos sin palabras.
El agua corría por tus pestañas
y bebía de tus labios sin permiso,
como si quisiera amarte también.
Las calles se volvieron espejos,
y en cada reflejo danzaban nuestros pasos.
Juraríamos que el mundo nos miraba,
asombrado de tanto fuego
bajo el cristal del aguacero.
Cuando el sol volvió, el silencio sonrió.
El aire olía a promesa cumplida.
Entonces entendí que la lluvia es como el amor:
te empapa, te limpia y te deja distinto,
más vivo, más humano, más tú.
