como niebla que entra por las rendijas del alma,
y cada respiración arrastra consigo
el sabor de algo que no termina de irse.
o de algo que nunca llegó a mis manos,
pero hay un vacío que ocupa demasiado espacio
y una quietud ruidosa que no me deja en paz.
Hoy las horas se arrastran lentas,
pesadas como piedras en el agua,
y yo me quedo aquí, suspendido
entre el querer estar y el no poder sentir.
Tal vez mañana sea distinto,
tal vez esta tristeza tenga nombre,
pero hoy solo sé que duele
este peso silencioso de existir.

