el café tomado en soledad dichosa,
la conversación conmigo mismo
donde no hay juez ni acusado.
que saquea su propia casa
y entrega el botín a desconocidos
mientras su hogar queda vacío.
Hoy me pago en monedas de silencio,
en billetes de atrevimiento,
en cheques firmados con valentía
donde el beneficiario soy yo.
Los sueños que dejé morir de hambre
ahora los alimento cada día,
aunque lleguen tarde a la mesa,
aunque vengan con canas y arrugas.
Me perdí buscándome en otros,
hallé tesoros en caras ajenas
mientras el mío permanecía enterrado
en el jardín que olvidé regar.
Ahora camino hacia adentro
con la linterna del autoconocimiento,
tropiezo con verdades incómodas
y abrazo al extraño que descubro.
El "no" ya no me quema la lengua,
es agua fresca en día de sequía,
frontera sagrada que protege
el reino pequeño de mi paz.
Mis cicatrices ahora son medallas
de batallas que elegí pelear,
no heridas de guerras heredadas
donde fui soldado sin causa.
Me prometí sonreír primero
antes de ser payaso de otros,
porque un corazón que no se alegra
no tiene dicha para regalar.
Perdoné al que fui ayer,
al cobarde, al perdido, al confundido,
porque castigarlo eternamente
es pudrir la raíz del mañana.
Y si logro saldar esta deuda,
si llego al cero liberador,
habré vivido lo que muchos temen:
una vida verdaderamente mía.
Pero si la gracia me sorprende,
si el saldo pasa de cero a abundancia,
entonces mi muerte será siembra
y otros cosecharán mi primavera.
Todo por haberme atrevido
a pagar el amor que me debía,
a ser mi propio acreedor
y mi mejor inversión.

