El Museo de los Gestos

Cuando alguien se va
no se lleva solo su cuerpo.
Se lleva la geografía completa:
el lado izquierdo de la cama,
la taza azul que era suya,
el ritual de las diez de la noche,
la forma en que decías su nombre
como quien enciende una luz.

Y tú te quedas
habitando un museo de gestos fantasma.

La mano que todavía busca la suya en el cine.
El oído que sigue esperando el sonido de sus llaves.
La boca que guarda historias
que solo tenían gracia si era él quien las escuchaba.

Te das cuenta entonces
y esto es lo que más duele
de que tu mundo entero
giraba alrededor de un sol que se apagó.

Que aprendiste a ser satélite
y olvidaste cómo ser planeta.

Que tu risa dependía de su risa.
Que tu paz dependía de su presencia.
Que tu rostro en el espejo
solo cobraba sentido
cuando sus ojos lo miraban.

¿Y ahora qué?

Ahora toca lo más difícil:
quedarte.
Quedarte contigo
en medio del terremoto.
No huir hacia otro amor,
no tapar el vacío con ruido,
no buscar otro espejo
donde validar tu existencia.

Solo quedarte.

Sentarte en el centro de tu propia soledad
y dejar que te enseñe
lo que siempre estuvo ahí:

que ese vacío no lo creó quien se fue,
que ese vacío ya vivía en ti,
esperando,
esperando que tuvieras el valor
de llenarlo
tú mismo.


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Ricardo Abud (Chamosaurio)

Estudios de Pre, Post-Grado. URSS. M.Sc.Ing. Agrónomo, Universidad Patricio Lumumba, Moscú. Estudios en, Union County College, NJ, USA. Email: chamosaurio@gmail.com

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