como una hoja que descubre al fin el río que la esperaba.
Desde que llegaste, las horas dejaron de ser relojes
y se volvieron aves blancas cruzando el cielo de mis días.
un refugio donde el invierno pierde su memoria.
Eres el eco más hermoso que habita mis silencios,
la estrella que no necesita la noche para brillar.
En tu voz encuentro caminos que desconocía,
puentes tendidos sobre antiguas distancias.
Cuando me miras, el mundo parece detener su marcha
para escuchar la música secreta que nace entre nosotros.
Mi corazón aprendió tu nombre como aprende el mar a besar la orilla,
con paciencia, con ternura, con una devoción infinita.
Me habitas como la lluvia habita la tierra sedienta,
como el amanecer habita los horizontes dormidos.
Y entonces comprendo que amar es esto:
hallar un universo entero dentro de una sola sonrisa.
DEM no son solo tres letras;
son la Dulzura que abriga mis días,
la Esperanza que ilumina mis caminos
y el Milagro de saber que existes.
Porque tu amor no es una promesa escrita en el viento,
sino una raíz profunda sosteniendo mis sueños.
Y si alguna vez las estrellas olvidaran su brillo,
yo seguiría encontrando luz en tu presencia,
porque llevas en el alma la claridad de los amaneceres
y en el corazón la eternidad de los mares.
Así te amo:
con la serenidad de los ríos que conocen su destino,
con la fuerza de las montañas que desafían los siglos,
y con la certeza de que, entre todas las maravillas del mundo,
la más hermosa siempre será el sencillo milagro
de caminar la vida tomados de la mano.

