construyo mapas de países que jamás pisaron atlas:
naciones donde las lágrimas son moneda prohibida,
reinos donde el desengaño no tiene nombre ni bandera.
si mi sombra aparece en algún pliegue de tu equipaje,
déjala sin pasaporte, anónima entre las madrugadas—
basta con que el viento del sur reconozca nuestro lenguaje.
Fabricaré para los curiosos un origen de seda y oro:
un territorio donde los amaneceres nunca decepcionan,
donde las despedidas son apenas susurros del decoro
y los corazones se mantienen intactos, nunca traicionan.
Tú también inventarás tu leyenda de tierras lejanas,
dirás que vienes de jardines donde el dolor no germina,
donde cada historia de amor tiene finales de mañanas
y nadie conoce el sabor de la sal que contamina.
Así vagamos, náufragos de patrias imaginarias,
exiliados de la verdad que nos rompió por dentro,
portando pasaportes falsos en las aduanas ordinarias,
mientras el corazón real sangra en su escondido centro.
Porque algunas cicatrices exigen mitologías nuevas,
y ciertos adioses nos convierten en arquitectos de ficciones—
levantando ciudades donde nunca llovieron nuestras pruebas,
continentes vírgenes de todo rastro de nuestras canciones.

