guardando en sus motas las horas detenidas.
Cada libro es una puerta a un mundo dormido,
una voz que espera ser despertada por una mirada.
una mujer huye en una historia de amor.
Entre estas páginas amarillas by el olor a tiempo,
cada lector encuentra el refugio que no sabía buscar.
El dueño, un hombre de gestos pausados,
conoce el lugar exacto de cada tragedia y cada verso.
No vende solo papel impreso, sino llaves
para abrir habitaciones propias y ajenas.
En el silencio solemne, solo se escucha
el crujir de una página al ser volteada.
Es el sonido de un alma conectando con otra,
un diálogo íntimo a través de los siglos.

