un murmullo se disfraza de viento,
cree que cada palabra que sopla el mundo
nace de mi boca.
buscando en cada esquina un espejo
donde su forma aún respire mi sombra.
Pero no hay reflejo, solo humo.
Yo escribo de lo que arde por dentro,
no de quien cree ser mi llama.
Al fuego no se le explica que el aire arde,
simplemente se enciende o se apaga.
Algún día entenderá el silencio,
esa orilla donde nadie tiene culpa,
y tal vez deje de ver fantasmas
en las cenizas de un poema sin rostro.

