Cada gesto tuyo es una palabra que el alma entiende.
No hay explicación, solo verdad: estás y basta.
pero ninguna suena tan real como tu respiración cercana.
Eres la pausa que anhelo, el impulso que me salva.
Tus manos, pequeñas brújulas,
me devuelven siempre al mismo destino:
tu abrazo.
Y qué fortuna la mía,
haber encontrado en tus ojos el refugio que no sabía necesitar.
Porque desde que existes,
todo lo demás dejó de ser urgente.
