tú, yo, y tres personas más que tocaron fondo,
viendo dar vueltas nuestra ropa sucia,
hipnotizados como si fuera televisión de culto.
no hacer contacto visual, no preguntar por qué estamos aquí,
solo asentir levemente si alguien maldice
cuando la máquina se traga sus monedas sin piedad.
La secadora número 4 hace un ruido sospechoso,
como si estuviera masticando algo que no debería,
probablemente mi calcetín favorito,
que desapareció en el triángulo de las Bermudas textil.
Un tipo con pijama de superhéroes duerme en la silla,
su carga aún girando en ciclo infinito,
y todos lo envidiamos secretamente
porque él alcanzó la iluminación de la indiferencia total.
Salgo con mi ropa tibia abrazada contra el pecho,
sintiéndome extrañamente conectado con estos desconocidos,
hermandad de los que no planeamos bien nuestra semana,
unidos por el suavizante y el existencialismo barato.
