pero se quedan apenas el tiempo suficiente
para no mojarse el alma.
Y hay otras como yo
que abren las ventanas del pecho
cada vez que escuchan un nombre querido
golpeando en la distancia.
cuando el dÃa termina de devorarte las horas,
cuando el silencio te pesa lo bastante
como para buscar refugio en mis palabras.
Yo, en cambio, corrÃa hacia tu mensaje
como quien enciende una lámpara en mitad de la noche,
con la urgencia hermosa
de quien sà sabe cuidar lo que ama.
Nunca entendiste
que responder no era costumbre,
era ternura.
Era decirte sin pronunciarlo
“aquà estoy”,
“me importas”,
“te hago espacio incluso en mis cansancios”.
Pero fui aprendiendo, despacio,
que el cariño no debe mendigarse
ni la atención sostenerse con las manos heridas.
Porque el amor no vive de excusas,
vive de presencia;
de quedarse incluso cuando el mundo arde
y no quedan fuerzas para nada.
Y me cansé de mirar puertas entreabiertas,
de esperar migajas de tiempo
como si mi corazón tuviera que agradecerlas.
Yo también merezco a alguien
que no me convierta en un “después”,
que no me haga sentir reemplazable
ni me enseñe a dudar de mi propio valor.
Asà que hoy doy un paso hacia mà mismo.
No desde el rencor,
sino desde la dignidad que florece
cuando uno aprende a elegirse.
Y si solo vienes cuando el tiempo te sobra,
tal vez ha llegado la hora
de que mi silencio
te responda por mÃ.

