tu nombre susurra el viento entre los árboles,
y el latido se hace brújula en mi pecho.
que me guía cuando la luna me queda corta.
El deseo florece en cada esquina de la memoria,
como un faro que no admite sombras.
Tus palabras son lluvia suave sobre mi camino,
y cada palabra es un puente hacia ti.
Quisiera quedarme en este susurro de silencio,
donde el mundo se detiene y nos pertenece.
Entre las luces de la ciudad, te encuentro a diario,
en el murmullo de las calles, en la risa compartida.
Tus gestos, simples y precisos, son mi refugio.
Y cuando sonríes, se deshace la culpa del día.
Te quiero en las horas claras y en las densas sombras.
Si la distancia intentara vivir entre nosotros,
la rompería con el arte de tu recuerdo.
Eres la cuerda tensa que sostiene mi esperanza,
el bálsamo que disipa el miedo.
Y en cada latido prometo, sin ruido, amarte.
