los relojes dejan de girar,
Todo se reduce a ese instante
en que la realidad se vuelve ternura.
Tus dedos hablan el idioma del fuego,
dibujan promesas sobre mi piel,
y cada roce es un universo breve
donde la vida renace sin condiciones.
El amor se escribe en cuerpos y silencios.
He sentido en ti la certeza de lo eterno:
ese temblor claro del alma tocada,
ese soplo que convierte la duda en fe.
No hay distancia cuando tocas,
solo verdad, solo nosotros.
Y si algún día tus manos me olvidan,
quedará su forma en mi recuerdo,
como un molde invisible en la memoria del aire,
un vestigio luminoso del milagro
de habernos sostenido.
