ni de noche ni del día, sino del alma.
que quebró la línea del tiempo
y encendió la piel de lo imposible.
No hicieron falta palabras,
solo el leve temblor de un suspiro.
En tu gesto dormía el universo,
y en el mío, la certeza del abismo.
Dos soledades se fundieron en latido.
Nunca comprendí por qué el amor duele dulcemente,
como una herida que ilumina por dentro.
Tal vez porque solo en la penumbra
aprendemos a ver lo esencial:
lo que brilla en el silencio compartido.
Cuando te alejas, el aire vacila,
como si todo el mundo olvidara existir.
Pero sé que en algún rincón de la noche
tu sombra aún me busca,
igual que la mía no deja de hallarte.
