Nacen las canciones, cual brisa olorosa.
No tienen palabras, ni rima, ni son,
Son la pura esencia de una emoción.
La voz de lo invisible, que se deja escuchar.
Resuenan en el pecho, un eco ancestral,
El idioma olvidado, del espíritu vital.
Son risas de niño, que no tienen fin,
O lágrimas mansas, en un dulce jardín.
El anhelo silente, la fe que perdura,
La fuerza que empuja, en la noche más dura.
Así, las canciones del alma, un canto sin voz,
Melodías divinas, creadas por Dios.
Un tesoro escondido, que el tiempo no borra,
La verdad desnuda, que siempre nos honra.
