Te entreno para la fuga como quien adiestra pájaros al vacío.
Cada ausencia es un ensayo general de tu libertad definitiva.
No soy carcelero: soy el que abre ventanas
esperando que el viento
te enseñe a no regresar.
que te conviertas en alguien que yo no reconocería.
Necesito que otros te descubran territorios en tu piel
que ni tú ni yo sabíamos
que existían.
no promesas, sino certezas
yo me volveré prescindible como el andamio
una vez que la casa está construida.
Desapareceré sin dramatismo,
sin el teatro del ocaso.
Anhelo tu plenitud en constelaciones ajenas,
que cada abrazo nuevo sea un país sin mi bandera.
Quiero que me olvides con la facilidad
con que se olvida el dolor
una vez que sana.
Si hallas quien te complete sin fracturas,
me iré en martes común, bajo cielo gris,
sin poesía ni crepúsculo—
solo un hombre que cierra una puerta
sabiendo que del otro lado
florece un jardín donde ya no hay lugar para su sombra.
