Te amé sin buscarte, en los destellos
de un sueño que aún no tenía rostro.
no era el tiempo lo que faltaba,
era el nombre que daba sentido a la vida.
Tu voz se volvió faro,
guió mis preguntas hacia la certeza de tu risa,
hizo hogar en los rincones donde antes solo había sombra.
He aprendido que amar no siempre es poseer,
a veces es sostener el silencio del otro sin temor,
dejarlo ser, cuidarlo desde lo simple.
Si el destino me permite una eternidad contigo,
que sea esta, aquí, la de los gestos cotidianos.
Porque en ellos brilla lo que el cielo nunca pudo imaginar.
