una línea sutil junto al ojo.
El mapa de una sonrisa repetida,
el río seco de un llanto antiguo.
con cremas y espejos huidizos.
Era la huella del tiempo,
un recordatorio impertinente.
Hoy la miro y veo historias:
la carcajada que dobló mi cintura,
las noches en vela por un amor,
el sol de aquel verano infinito.
Ya no quiero borrarla.
Es la firma de la vida en mi rostro,
el primer verso de un poema
que estoy orgullosa de escribir.
